Monday, November 13, 2006

Una cita

Estoy terminando la licenciatura. Para ello debo presentar una suerte de tesis que no es tesis, ni tesina, ni monografía. O sea, un gran trabajo, simplemente. ¿El problema? Me está quedando algo así como una colección de citas: No puedo dejar de decir a cada momento "con X", "siguiendo a X", "si pensamos con X", etc. ¿A quién cito más? Pues hoy por hoy a Paul de Man y a Benjamin, maestro de la cita precisa- justa, diría, si una cita puede ser tal cosa como "precisa", porque todo lo que viene después de la cita vale para explicarla. O algo así. Entonces, me defiendo con Benjamin:

"La fuerza de una carretera varía según se la recorra a pie o se la sobrevuele en aeroplano. Así también, la fuerza de un exto varía según sea leído o copiado. Quien vuela, sólo ve cómo la carretera va deslizándose por el paisaje y se desdevana ante sus ojos siguiendo las mismas leyes del terreno circundante. Tan sólo quien recorre a pie una carretera advierte su dominio y descubre cómo en ese mismo terreno, que para el aviador no es más que una llanura desplegada, la carretera, en cada una de sus curvas, va ordenando el despliegue de lejanías, miradores, calveros y perspectivas como la voz de mando de un oficial hace salir a los soldados de sus filas. Del mismo modo, sólo el texto copiado puede dar órdenes al alma de quien lo está trabajando, mientras que el simple lector jamás conocerá los nuevos paisajes que, dentro de él, va convocando el texto, esa carretera que atraviesa su cada vez más densa selva interior: porque el lector obedece al movimiento de su Yo en el libre espacio aéreo del ensueño, mientras que el copista deja que el texto le dé órdenes. De ahí que la costumbre china de copiar libros fuera una garantía incomparable de cultura literaria, y la copia, una clave para penetrar en los enigmas de la China".

Tomado de Porcelana China, del libro Dirección Única.

Tuesday, September 12, 2006

Rock, uno de estos días (o La continuación de la entrada anterior)

"El rock es una preciosa toxina"
Enrique Lihn

Y qué toxina más adictiva. No se llega al rock sólo por estereotipo. El cliché de Elvis- Reed, Springsteen, Cobain, Manson, Jagger, etc.-, no es lo primero en la iniciación. Sí, dije iniciación, porque esto es un culto sagrado, con sus ritos y ceremonias Al carajo la Sarlo con su escena cómoda y conveniente.
La mayoría comenzamos tarareando de pendejos un riff- el dios del rock- oído a medias en la calle, en la tele, en la radio del primo malvado que vendía las cosas de su casa para comprar discos y marihuana. Mi riff fue el de Sad but True. Tardé en oír íntegramente ese tema tres años desde la primera vez; después apareció la entrada macabra de la batería en The Beatiful people; el mejor riff de la historia que es el tácatacátacaTá de One; y de ahí perdí la cuenta. Miles.
La pose llega después, depende de dónde te tiren: chaquetas de cuero, de mezclilla, bototos, zapatillas chapulinas, blancas o negras, maquillajes y abrigos para los más malvados, cortes de pelo provocadores en su precariedad, o bien cabelleras largas y dispuestas al cabeceo de un riff favorito sabido y resabido.
Pero la clave está en empezar a jugar al malo: todo el resto es una mierda, que viva el rock. Coqueteo con la maldad que a algunos los deja solos, o bien con mucha droga y poco sexo, o mucho sexo si es que triunfaste y puedes pagarlo. Pero los que triunfan son otros. Tal vez en EEUU los rockeros la lleven algo, pero aquí en Latinoamérica valen hongo, al menos en general. Se salvan pocos, algunos argentinos quizá, más que en Chile al menos. Pero el triunfo está reservado para otros, los que jugaron al rockero y pudren la toxina para convertirla alquímicamente en un dulce tipo coyac o loly pop que le meten por el culo a fanáticos dispuestos a abandonarlos por el próximo que tenga el loly más lindo. Señores, el rock es y será para los postergados, los que no se contentan con bailar en cada fiesta la melodía de moda, para los enrabiados de este mundo y de los otros. Su fiesta y su melodía es otra. Una queja constante contra la mediocridad de la oficialidad y su discurso- el oficial y extraoficial. Al poder- como diría la radio futuro- le está faltando rock. Pero el rock es otro código oscilante entre el poder y el caos, ni lo uno ni lo otro.

(Mención obligada: un amigo, C., columnista de www.poliedro.cl. A él nunca lo vi en ningún cliché de la amplia gama que ofrece el rock- aunque sí lo clasificaría en otros, pero no viene al caso. C. terminó estudiando Filosofía, cosa curiosa para un rockero, o tal vez no tanto.)
Quería terminar con una cita de algún rockero, pues la de Lihn podría parecer una cita extranjera aquí. Y no se me ocurre otra que mencione el único poder al que aspira el rock. Una que se haga cargo de la esperanza de todo niño que comienza a ver que su vida está en el final de otro camino, o mejor aun, en ningún final. Citaría a la Renga por aquí, o a Neil Young, o los Stones, o cualquier otro. Pero hay una promesa, hecha por un tipo postergado de las voces en su grupo. Una promesa que los mismos postergados postergamos una y otra vez: one of these days/ i'm going to cut you into little pieces.

Mi música, mis maestros, mi frustración

Mi primera experiencia con la música es un trauma de aquellos, mi pieza oscura. Catástrofe. Por años, durante la educación básica, quise un teclado u órgano. No sé por qué. Creo que alguno de mis amigos tenía uno y pensé "yo también", como me parece que sucede siempre: angustia de las influencias, Bloom dixit. Mis padres me exigían un cierto promedio anual de notas en el colegio, un 6,5 o eso creo. Cuento corto: dos años sin llegar al puto promedio, me moría por el órgano y resultó que terminaron por regalárselo a mi hermana, con clases una vez por semana. Frustración al cubo. Cubo de Durero. Con unas pocas lecturas más y otro tanto de televisión habría podido llegar a la conclusión decimonónica y burguesa de que el interés por la música y los poemas les era propio o bien a las mujeres, o bien al rico ocioso.
Más tarde quise una guitarra, la cual llegó para navidad. Me postergaron las clases de guitarra por tres años. Nunca llegué (ni llegaría, hasta la universidad) al 6,5 de mierda. En primero medio recién me aleccioné. Duré menos de un año con un profesor impaciente por enseñarme técnicas clásicas cuando yo lo único que quería aprender canciones de Metallica ¿Por qué tan poco tiempo bajo la tutela de un maestro? Bajé las notas, y me cago, me cagué- y sigo en lo mismo.
Conseguí más tarde una guitarra eléctrica y se armó una banda más o menos estable en mi curso. Qué buenos años. Si bien más tarde terminé por aprender un montón de canciones, estaba claro que lo nuestro- más bien lo mío- era Metallica. Destaco algunas joyas: de Metallica, Enter sandman, Nothing else matters, Wiplash y casi todo el Kill`em all, y nuestro caballo de batalla, Master of puppets. Otros: Soul Sacrifice, Highway Star, Bohemian Rhapsody (que no salió por culpa de C., un flojo tecladista), entre otras. Debo mucho al gordo A., excelente guitarrista, por enseñarme algunas canciones y a N., baterista, por mostrarme que había más que Metallica en la viña del Señor- o del Diablo, que es al que le gusta el rock. Dios debe escuchar Silvio,
Paralelamente, había un grupo folclórico en mi curso, tipo Inti Illimani pero medio en ruinas, que de a poco fue superándose. El efecto de ellos fue tardío, o casi inexistente, no sé. Hoy cuento entre mis favoritos la música andina, pero le debo a otras personas y circunstancias. Un día, por ejemplo, escuchaba un programa de jazz en la radio Universidad de Chile y tocaron un tema de Freddy Torrealba: Puelche. ¿Por qué? Porque colaboraba en el bajo un eximio pero desagradable jazzista. Me voló la cabeza el puelche. Aprendí a tocar charango con uno prestado por el pololo de mi hermana y luego me hice regalar uno para aprender el temita este. Temón de temones. Lo llevo escuchando más o menos año y medio, de la forma que se escucha un buen tema: una y otra vez, muchas veces por hora, por día, hasta que la cera del cerebro se calcine con las melodías y armonías. Pensándolo bien, no hay otra manera de escuchar música. Cómo hemos sufrido con las frases "Esa ya la escuchamos po, hueón", o "Puta, otra vez tu cagá", o "Sí, es bueno, pero ¿otra vez?". En fin, que los violen , por hueones.
Traumas más, traumas menos, los culpables son todos y nadie. Mis padres me impidieron el teclado, pero me regalaron la guitarra: impidieron las clases de guitarra, pero me regalaron el charango: me huevean porque hago mucha bulla, pero compran los libros y pagan mi carrera de lector ocioso: me huevean porque leo hasta tarde, pero etc. Así. y los maestros fueron varios. Y los no-maestros más, y aumentan su número día a día.

Que fue de...

Mi hermana: Abandonó temprano el teclado. No le gustaba ir a clases. Tiene un oído deplorable.
Pololo de mi hermana: Estudia arquitectura. Toca el charango y la guitarra amenizando fiestas por un poco de ron.
Mi profesor de guitarra: Lo último que supe, gracias a El mercurio, es que ganó un par de premios en España.
Metallica: Cambió el estilo y ya no me preocupa mucho qué hagan, pero sí qué hicieron.
Gordo A.: Estudia ingeniería, creo, en la Universidad de Chile. Seguro sigue tocando.
N.: Estudia teatro en la Universidad de Chile y musicaliza de vez en cuando sus obras. Tiene talento, ojalá se acuerde de mí el hueón cuando sea famoso.
Grupo Folclórico: Alguno estudia cine, otro teatro, otro para médico y guitarrista, otros filosofía, otros ni idea.
Freddy Torrealba: Hasta hace poco hacía clases de música en un colegio. Resultó que una amiga de por ahí estudiaba en ese colegio y lo conocía. A él, claro, no su música. Pueden acceder a Puelche y otras canciones en: http://www.freddytorrealba.cl/prin.htm
Universidad de Chile: Nombre de una universidad en vías de privatización, de una radio, y, por ahora, de un equipo de fútbol menor (también en vías de privatización).
Yo: No soy rico, pero sí ocioso, y con ganas. Gasto el tiempo en leer mucho, escuchar mucha música, tocar mis instrumentos un poco, escribir otro tanto.

Thursday, July 20, 2006

Lectura: Cadenas de Padre Ubú


Esto es un fragmento de un trabajo más amplio. Por lo tanto faltan aclaraciones fundamentales sobre conceptos que probablemente suenen oscuros. Sin embargo, creo que lo esencial del asunto es legible sin ayuda introductoria.
La hipótesis subyacente trata de vincular a Padre Ubú con la modernidad y el emerger del orden burgués- y el tránsito desde un sistema punitivo a otro, un sistema de saberes; un sistema, si se prefiere, panóptico- cuya institución privilegiada y simbólica será la cárcel. Lo cual, siguiendo esta línea, pone en evidencia la necesidad de entender la libertad no como un atributo metafísico, sino como la necesidad de abolir los límites o fines- y de fines a finalidades y grandes relatos ¿cuánto trecho hay que recorrer?- que el saber moderno (carcelario, burgués) impone a modo de "alma" a los cuerpos. (Espero que las nociones foucaultianas no sean ajenas al lector, de lo contrario hago patente la fuente:Vigilar y Castigar).

Este transito está presente en la figura de Padre Ubú en Ubú Rey y en Ubú Encadenado. En Ubú Rey, el lenguaje mismo y su interdicción fundamental e inherente - el monolingüismo del otro- es descentrado y degenerado, pues la primera palabra que pronuncia Padre Ubú al entrar a escena es “Mierdra”, oponiéndose al lenguaje y la ley de la libertad, la igualdad y la fraternidad[1]. Padre Ubú decapita a una multitud de nobles apropiándose de títulos y riquezas. La decapitación y la acumulación de capital lo ligan de inmediato a la configuración y modelo de la burguesía. Es así como llega a ser Rey en posesión- más bien en ejercicio- del poder. El arribismo, la ambición, el ansia de poder y de dinero, hambre insaciable, junto a una grotesca apariencia, configuran a Padre Ubú como una caricatura de la nueva medida universal del hombre: el burgués. Finalmente, este burgués pierde el poder a manos de los herederos de la nobleza, debido a sus excesos cometidos como Rey[2].

Así, en “Ubú Encadenado” se nos presenta llegando a Francia y declara: “Puesto que estamos en el país donde la libertad es igual a fraternidad y ésta es sólo comparable a la igualdad ante la ley, y dado que yo no soy capaz de hacer lo que todo el mundo, y que me trae al fresco ser igual a los demás, pues en definitiva seré yo quien acabe con todos… dado todo eso, Madre Ubú, he decidido convertirme en esclavo”.[3] Padre Ubú entonces procede a imponer sus servicios a los nobles del lugar- como el Marqués de Lindohenar, el Marqués de la Distinción y su sobrina- sin preguntarles y tomándose la libertad de los otros para ejercer la suya: “La mantendré prisionera de mis servicios durante todos y cada uno de los instantes del día. Y nunca la dejaré. Eso es. ¡Viva la esclavitud!”[4]. Es precisamente la lógica del mercado- ofrecer productos y servicios- la que comienza a imponer el personaje. Padre Ubú ofrece productos y servicios invirtiendo así la concepción de “servicio” y también constituyéndose como un poder desde el no-poder.

Sin embargo el proceso no está completo hasta no encontrar un lugar, un nuevo centro desde donde imponer la ley. Este lugar no es otro que la prisión. Dice Padre Ubú: “Aquí, sin embargo, he ordenado instalar fuertes cancelas de hierro y sólidas rejas en todas las ventanas. Nuestros actuales amos cumplen con puntualidad la consigna de venir dos veces al día a traernos alimento”[5]. Se alegoriza así la configuración de la sociedad moderna, la del burgués como medida universal. Poco a poco la cárcel que habita el protagonista será más grande puesto que todos los habitantes de París buscarán la seguridad tras las rejas. La caricatura del burgués que representa Padre Ubú dispone en la cárcel de los llamados hombres libres, cuya libertad consiste únicamente en hacer lo contrario de lo que se les ordena. Estos hombres libres y su actuar en el drama despliegan el binarismo y la institucionalidad modernos. La libertad de Padre Ubú consiste en abolir la institucionalidad y restricciones anteriores para ejercer e implantar las suyas, su ley, su lenguaje, convirtiéndose en el encadenado-encadenador. Hecho esto, abandona Francia en galeras- pues ha sido condenado- y se produce el siguiente diálogo:

“Madre Ubú: ¡Esta gentuza se dispone a embarcarnos como si fuéramos reses, Padre Ubú!
Padre Ubú: Tanto mejor. Me dejaré llevar como una res, y a ellos les tocará remar.”[6]
Hablan, desde la alegoría, claro está, precisamente de la república y una sociedad de individuos al servicio de una clase dominante con plena conciencia de serlo. Quienes les sirven y “reman” lo harán por la alienación lograda por un discurso que aparentemente los ha liberado y asegurado. El nuevo centro- y medida- es entonces el burgués, ejerciendo un poder en base a un discurso cuyo origen y finalidad se encuentran en la cárcel y, por tanto, carcelario de por sí.


[1] Oposición hecha, quizá, desde un afuera, puesto que se degenera incluso la palabra “mierda”. El descentramiento no proviene desde la periferia o marginalidad del “mierda” sino desde el afuera de “mierdra”.
[2] Por lo que la historia de Padre Ubú es desde este punto, tal vez, detalladamente la historia del burgués.
[3] Jarry, Alfred: “Ubú Encadenado” en Todo Ubú Pág. 210.
[4] Jarry: Op. Cit. Pág. 221.
[5] Jarry: Op. Cit. Pág. 230.
[6] Jarry: Op. Cit. Pág. 258.

Tuesday, July 18, 2006

A propósito de Zidane, parte 1


Ha pasado un tiempo ya de la final del mundial y ha corrido- ¡cómo ha corrido si hasta un famoso filósofo francés dijo algo acerca de la rebelión del hombre contra el dios!- bastante mierda bajo el puente. Por uno y otro lado, detractores y defensores, han opinado ya bastante. Mi intención era recoger aquí algunos de los epítetos bien y malintencionados, pero para qué, si ya parece estar bien claro el asunto: para algunos (los más) el fútbol es unas cuántas marcas distinguibles unas de otras por su presencia mediática, mientras que para otros el fútbol es una forma de vida o, mejor dicho, la vida misma. Para los primeros será importante si tal o cual marca deportiva patrocina a tal o cual jugador o si tal jugador es una marca en sí mismo: el símbolo de este sector sería David Beckham. El equipo rosa, entonces, hace capitán al spice boy. Para los otros será importante la calidad técnica, un buen gol, el juego de equipo, etc.: cuyo capitán sería Zizou, elección que se justificará más tarde, tengan paciencia . Recuerdaré aquí que esto es sólo una abstracción, las personas reales oscilan de un lado a otro, cada cual con su tendencia.

De todas maneras, me parece que en el siglo XXI- alias "apocalíptico"- el fútbol ha consagrado una fisura que ya latía hace ya bastante tiempo y no es posible pensar en "fútbol" sin diferenciar tipos, pues tal es la magnitud del quiebre. Creo, entonces, que estamos ante (1) un tipo fútbol de mentira, aparente, y (2) ante otro tipo de fútbol al que podríamos llamar "real"- si no desconfiáramos a muerte de esa palabra- pero más valdría catalogar de cotidiano. Es decir, se trata aquí de una cósmetica del fútbol (o fútbol profesional con deportistas, concentraciones) por un lado, y de fútbol de barrio (cotidiano, pichanguero, con guata, asao y chelas), por otro.

Friday, July 07, 2006

Houellebecq y el erotismo

“Toda sociedad tiene sus puntos débiles, sus llagas. Meted el dedo en la llaga y apretad bien fuerte (...) Hablad de la muerte y del olvido (...) Sed abyectos: seréis verdaderos”


Las novelas de Michel Houellebecq pueden provocar(me) dos reacciones extremas. Por un lado estaría la reacción de adhesión, traducible en: “Hueón, cuánta razón, por qué mierda no escribí antes algo así”. Por el otro lado aparecen las lágrimas, las risas-carcajadas, los “arrojar-libro-al-suelo-o-la-basura”, etc. Así de perturbadoras. Así de certeras. Así y todo lo más perturbador resulta ser la correcta pronunciación de su apellido, un enigma para mí y otros tantos. Adivinando más o menos, se me ocurre que debiera ser algo así como “Güelebék”. Algún franco parlante que me corrija.
Un cronista del Mercurio- de cuyo nombre no puedo acordarme- decía que, en el fondo, Houellebecq era un conservador, opinión compartida por muchos. Uno de mis profesores lo citó como “el favorito de los posmodernos”. Cuántas veces los posmodernos han sido acusados de conservadores, terroristas intelectuales. Eso y más, empezando por el tata Habermas y secuaces.
Ya es un lugar común- cómo odiamos el lugar común- decir que lo erótico está desplazado. Pero ¿desplazado por qué? Por todo: por las instituciones, las buenas costumbres, los señores de la moral, la lógica del trabajo, los días de la semana, por todos nosotros, por la palabra: a fin de cuentas, la palabra no es erótica. Las palabras no hacen más que recordarnos a cada rato que lo erótico está en el otro, en la experiencia del y con el otro. Con los cuerpos, como seguro adivinaron[1], sagacísimos lectores. El señor Comelibros no se equivoca cuando advierte sobre Plataforma: “ojo, no es una novela erótica. Hay demasiada carne expuesta como para glorificar al cuerpo”. Pornografía, se podría decir, pero en ningún caso erotismo. En Houellebecq se nos muestran como en una carnicería todos los males (pos)modernos: racismo, xenofobia, fanatismo religioso, comercio sexual, y la lista sigue. Muchos de estos grandes males estarían vinculados, para Houellebecq, a la liberación sexual de fines de los sesenta (y contando). Cuando todos culpábamos a la liberación económica, al capitalismo, al libre mercado, aparece un franchute gruñón y señala a otro tanto o más culpable.
Uno de los impulsores de las “revoluciones” del 68, Georges Bataille, definía el erotismo como lo que remueve al ser, es decir lo otro, y también como las conductas fuera de lo común. No es este el blanco de Houellebecq, sino la degeneración de lo erótico en lo pornográfico. Cuán difícil nos resulta hoy trazar una línea entre ambas. La percibimos pero se nos escapa. Esta es, creo yo, la clave en las novelas del francés. (A continuación hago una lectura somera de las novelas leídas hasta ahora, por lo que, necesario lector, te recomiendo no continuar tu lectura si no conoces al señor Michel. Espero, de ser así, haber despertado tu agudísima curiosidad).

En “Partículas Elementales” se plantea la desaparición progresiva del hombre en pos de un ¿super?hombre fundamentalmente no-erótico, en tanto lo erótico es de-mostrado por Djersinski (personaje insulso por su lucidez, como tantos de Houellebecq) como innegablemente ligado a la destrucción, a la muerte, a la degeneración. Este último elemento es la tesis principal del libro: Eros y Tánatos están coligados en tanto degeneración de la especie humana. Degeneración que en la novela es fundamentada por el paso histórico del erotismo a la pornografía. Ya hablamos de lo erótico como la transgresión del “(sí) mismo” por el “otro”, la remoción del ser. La pornografía, al contrario, cierra el paso del otro: se mira, por ejemplo, una pantalla que no seduce por su erotismo sino que más bien se aferra al sujeto autocomplaciente. El narrador de “Ampliación…” se pregunta cómo escribir sobre la nada, cuál es la forma correcta para hacer de la experiencia de la nada- del vacío del otro- literatura; en “Plataforma” aparece el fracaso del erotismo y por tanto, curiosamente, la posibilidad de la novela misma: la posibilidad de la literatura estaría signada por esa conjura del vacío[2]. “Partículas…” termina con un epílogo escrito precisamente por un no-otro: un clon. La desaparición del otro es aquí total, no teóricamente, sino en los cuerpos mismos.

[1] Roland Barthes oponía “saber” a “sabor”.
[2] Como lo han notado muchos, entre ellos un tremendo: Paul de Man.