Thursday, July 20, 2006

Lectura: Cadenas de Padre Ubú


Esto es un fragmento de un trabajo más amplio. Por lo tanto faltan aclaraciones fundamentales sobre conceptos que probablemente suenen oscuros. Sin embargo, creo que lo esencial del asunto es legible sin ayuda introductoria.
La hipótesis subyacente trata de vincular a Padre Ubú con la modernidad y el emerger del orden burgués- y el tránsito desde un sistema punitivo a otro, un sistema de saberes; un sistema, si se prefiere, panóptico- cuya institución privilegiada y simbólica será la cárcel. Lo cual, siguiendo esta línea, pone en evidencia la necesidad de entender la libertad no como un atributo metafísico, sino como la necesidad de abolir los límites o fines- y de fines a finalidades y grandes relatos ¿cuánto trecho hay que recorrer?- que el saber moderno (carcelario, burgués) impone a modo de "alma" a los cuerpos. (Espero que las nociones foucaultianas no sean ajenas al lector, de lo contrario hago patente la fuente:Vigilar y Castigar).

Este transito está presente en la figura de Padre Ubú en Ubú Rey y en Ubú Encadenado. En Ubú Rey, el lenguaje mismo y su interdicción fundamental e inherente - el monolingüismo del otro- es descentrado y degenerado, pues la primera palabra que pronuncia Padre Ubú al entrar a escena es “Mierdra”, oponiéndose al lenguaje y la ley de la libertad, la igualdad y la fraternidad[1]. Padre Ubú decapita a una multitud de nobles apropiándose de títulos y riquezas. La decapitación y la acumulación de capital lo ligan de inmediato a la configuración y modelo de la burguesía. Es así como llega a ser Rey en posesión- más bien en ejercicio- del poder. El arribismo, la ambición, el ansia de poder y de dinero, hambre insaciable, junto a una grotesca apariencia, configuran a Padre Ubú como una caricatura de la nueva medida universal del hombre: el burgués. Finalmente, este burgués pierde el poder a manos de los herederos de la nobleza, debido a sus excesos cometidos como Rey[2].

Así, en “Ubú Encadenado” se nos presenta llegando a Francia y declara: “Puesto que estamos en el país donde la libertad es igual a fraternidad y ésta es sólo comparable a la igualdad ante la ley, y dado que yo no soy capaz de hacer lo que todo el mundo, y que me trae al fresco ser igual a los demás, pues en definitiva seré yo quien acabe con todos… dado todo eso, Madre Ubú, he decidido convertirme en esclavo”.[3] Padre Ubú entonces procede a imponer sus servicios a los nobles del lugar- como el Marqués de Lindohenar, el Marqués de la Distinción y su sobrina- sin preguntarles y tomándose la libertad de los otros para ejercer la suya: “La mantendré prisionera de mis servicios durante todos y cada uno de los instantes del día. Y nunca la dejaré. Eso es. ¡Viva la esclavitud!”[4]. Es precisamente la lógica del mercado- ofrecer productos y servicios- la que comienza a imponer el personaje. Padre Ubú ofrece productos y servicios invirtiendo así la concepción de “servicio” y también constituyéndose como un poder desde el no-poder.

Sin embargo el proceso no está completo hasta no encontrar un lugar, un nuevo centro desde donde imponer la ley. Este lugar no es otro que la prisión. Dice Padre Ubú: “Aquí, sin embargo, he ordenado instalar fuertes cancelas de hierro y sólidas rejas en todas las ventanas. Nuestros actuales amos cumplen con puntualidad la consigna de venir dos veces al día a traernos alimento”[5]. Se alegoriza así la configuración de la sociedad moderna, la del burgués como medida universal. Poco a poco la cárcel que habita el protagonista será más grande puesto que todos los habitantes de París buscarán la seguridad tras las rejas. La caricatura del burgués que representa Padre Ubú dispone en la cárcel de los llamados hombres libres, cuya libertad consiste únicamente en hacer lo contrario de lo que se les ordena. Estos hombres libres y su actuar en el drama despliegan el binarismo y la institucionalidad modernos. La libertad de Padre Ubú consiste en abolir la institucionalidad y restricciones anteriores para ejercer e implantar las suyas, su ley, su lenguaje, convirtiéndose en el encadenado-encadenador. Hecho esto, abandona Francia en galeras- pues ha sido condenado- y se produce el siguiente diálogo:

“Madre Ubú: ¡Esta gentuza se dispone a embarcarnos como si fuéramos reses, Padre Ubú!
Padre Ubú: Tanto mejor. Me dejaré llevar como una res, y a ellos les tocará remar.”[6]
Hablan, desde la alegoría, claro está, precisamente de la república y una sociedad de individuos al servicio de una clase dominante con plena conciencia de serlo. Quienes les sirven y “reman” lo harán por la alienación lograda por un discurso que aparentemente los ha liberado y asegurado. El nuevo centro- y medida- es entonces el burgués, ejerciendo un poder en base a un discurso cuyo origen y finalidad se encuentran en la cárcel y, por tanto, carcelario de por sí.


[1] Oposición hecha, quizá, desde un afuera, puesto que se degenera incluso la palabra “mierda”. El descentramiento no proviene desde la periferia o marginalidad del “mierda” sino desde el afuera de “mierdra”.
[2] Por lo que la historia de Padre Ubú es desde este punto, tal vez, detalladamente la historia del burgués.
[3] Jarry, Alfred: “Ubú Encadenado” en Todo Ubú Pág. 210.
[4] Jarry: Op. Cit. Pág. 221.
[5] Jarry: Op. Cit. Pág. 230.
[6] Jarry: Op. Cit. Pág. 258.

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