"El rock es una preciosa toxina"
Enrique Lihn
Y qué toxina más adictiva. No se llega al rock sólo por estereotipo. El cliché de Elvis- Reed, Springsteen, Cobain, Manson, Jagger, etc.-, no es lo primero en la iniciación. Sí, dije iniciación, porque esto es un culto sagrado, con sus ritos y ceremonias Al carajo la Sarlo con su escena cómoda y conveniente.
La mayoría comenzamos tarareando de pendejos un riff- el dios del rock- oído a medias en la calle, en la tele, en la radio del primo malvado que vendía las cosas de su casa para comprar discos y marihuana. Mi riff fue el de Sad but True. Tardé en oír íntegramente ese tema tres años desde la primera vez; después apareció la entrada macabra de la batería en The Beatiful people; el mejor riff de la historia que es el tácatacátacaTá de One; y de ahí perdí la cuenta. Miles.
La pose llega después, depende de dónde te tiren: chaquetas de cuero, de mezclilla, bototos, zapatillas chapulinas, blancas o negras, maquillajes y abrigos para los más malvados, cortes de pelo provocadores en su precariedad, o bien cabelleras largas y dispuestas al cabeceo de un riff favorito sabido y resabido.
Pero la clave está en empezar a jugar al malo: todo el resto es una mierda, que viva el rock. Coqueteo con la maldad que a algunos los deja solos, o bien con mucha droga y poco sexo, o mucho sexo si es que triunfaste y puedes pagarlo. Pero los que triunfan son otros. Tal vez en EEUU los rockeros la lleven algo, pero aquí en Latinoamérica valen hongo, al menos en general. Se salvan pocos, algunos argentinos quizá, más que en Chile al menos. Pero el triunfo está reservado para otros, los que jugaron al rockero y pudren la toxina para convertirla alquímicamente en un dulce tipo coyac o loly pop que le meten por el culo a fanáticos dispuestos a abandonarlos por el próximo que tenga el loly más lindo. Señores, el rock es y será para los postergados, los que no se contentan con bailar en cada fiesta la melodía de moda, para los enrabiados de este mundo y de los otros. Su fiesta y su melodía es otra. Una queja constante contra la mediocridad de la oficialidad y su discurso- el oficial y extraoficial. Al poder- como diría la radio futuro- le está faltando rock. Pero el rock es otro código oscilante entre el poder y el caos, ni lo uno ni lo otro.
(Mención obligada: un amigo, C., columnista de www.poliedro.cl. A él nunca lo vi en ningún cliché de la amplia gama que ofrece el rock- aunque sí lo clasificaría en otros, pero no viene al caso. C. terminó estudiando Filosofía, cosa curiosa para un rockero, o tal vez no tanto.)
Quería terminar con una cita de algún rockero, pues la de Lihn podría parecer una cita extranjera aquí. Y no se me ocurre otra que mencione el único poder al que aspira el rock. Una que se haga cargo de la esperanza de todo niño que comienza a ver que su vida está en el final de otro camino, o mejor aun, en ningún final. Citaría a la Renga por aquí, o a Neil Young, o los Stones, o cualquier otro. Pero hay una promesa, hecha por un tipo postergado de las voces en su grupo. Una promesa que los mismos postergados postergamos una y otra vez: one of these days/ i'm going to cut you into little pieces.
Tuesday, September 12, 2006
Mi música, mis maestros, mi frustración
Mi primera experiencia con la música es un trauma de aquellos, mi pieza oscura. Catástrofe. Por años, durante la educación básica, quise un teclado u órgano. No sé por qué. Creo que alguno de mis amigos tenía uno y pensé "yo también", como me parece que sucede siempre: angustia de las influencias, Bloom dixit. Mis padres me exigían un cierto promedio anual de notas en el colegio, un 6,5 o eso creo. Cuento corto: dos años sin llegar al puto promedio, me moría por el órgano y resultó que terminaron por regalárselo a mi hermana, con clases una vez por semana. Frustración al cubo. Cubo de Durero. Con unas pocas lecturas más y otro tanto de televisión habría podido llegar a la conclusión decimonónica y burguesa de que el interés por la música y los poemas les era propio o bien a las mujeres, o bien al rico ocioso.
Más tarde quise una guitarra, la cual llegó para navidad. Me postergaron las clases de guitarra por tres años. Nunca llegué (ni llegaría, hasta la universidad) al 6,5 de mierda. En primero medio recién me aleccioné. Duré menos de un año con un profesor impaciente por enseñarme técnicas clásicas cuando yo lo único que quería aprender canciones de Metallica ¿Por qué tan poco tiempo bajo la tutela de un maestro? Bajé las notas, y me cago, me cagué- y sigo en lo mismo.
Conseguí más tarde una guitarra eléctrica y se armó una banda más o menos estable en mi curso. Qué buenos años. Si bien más tarde terminé por aprender un montón de canciones, estaba claro que lo nuestro- más bien lo mío- era Metallica. Destaco algunas joyas: de Metallica, Enter sandman, Nothing else matters, Wiplash y casi todo el Kill`em all, y nuestro caballo de batalla, Master of puppets. Otros: Soul Sacrifice, Highway Star, Bohemian Rhapsody (que no salió por culpa de C., un flojo tecladista), entre otras. Debo mucho al gordo A., excelente guitarrista, por enseñarme algunas canciones y a N., baterista, por mostrarme que había más que Metallica en la viña del Señor- o del Diablo, que es al que le gusta el rock. Dios debe escuchar Silvio,
Paralelamente, había un grupo folclórico en mi curso, tipo Inti Illimani pero medio en ruinas, que de a poco fue superándose. El efecto de ellos fue tardío, o casi inexistente, no sé. Hoy cuento entre mis favoritos la música andina, pero le debo a otras personas y circunstancias. Un día, por ejemplo, escuchaba un programa de jazz en la radio Universidad de Chile y tocaron un tema de Freddy Torrealba: Puelche. ¿Por qué? Porque colaboraba en el bajo un eximio pero desagradable jazzista. Me voló la cabeza el puelche. Aprendí a tocar charango con uno prestado por el pololo de mi hermana y luego me hice regalar uno para aprender el temita este. Temón de temones. Lo llevo escuchando más o menos año y medio, de la forma que se escucha un buen tema: una y otra vez, muchas veces por hora, por día, hasta que la cera del cerebro se calcine con las melodías y armonías. Pensándolo bien, no hay otra manera de escuchar música. Cómo hemos sufrido con las frases "Esa ya la escuchamos po, hueón", o "Puta, otra vez tu cagá", o "Sí, es bueno, pero ¿otra vez?". En fin, que los violen , por hueones.
Traumas más, traumas menos, los culpables son todos y nadie. Mis padres me impidieron el teclado, pero me regalaron la guitarra: impidieron las clases de guitarra, pero me regalaron el charango: me huevean porque hago mucha bulla, pero compran los libros y pagan mi carrera de lector ocioso: me huevean porque leo hasta tarde, pero etc. Así. y los maestros fueron varios. Y los no-maestros más, y aumentan su número día a día.
Que fue de...
Mi hermana: Abandonó temprano el teclado. No le gustaba ir a clases. Tiene un oído deplorable.
Pololo de mi hermana: Estudia arquitectura. Toca el charango y la guitarra amenizando fiestas por un poco de ron.
Mi profesor de guitarra: Lo último que supe, gracias a El mercurio, es que ganó un par de premios en España.
Metallica: Cambió el estilo y ya no me preocupa mucho qué hagan, pero sí qué hicieron.
Gordo A.: Estudia ingeniería, creo, en la Universidad de Chile. Seguro sigue tocando.
N.: Estudia teatro en la Universidad de Chile y musicaliza de vez en cuando sus obras. Tiene talento, ojalá se acuerde de mí el hueón cuando sea famoso.
Grupo Folclórico: Alguno estudia cine, otro teatro, otro para médico y guitarrista, otros filosofía, otros ni idea.
Freddy Torrealba: Hasta hace poco hacía clases de música en un colegio. Resultó que una amiga de por ahí estudiaba en ese colegio y lo conocía. A él, claro, no su música. Pueden acceder a Puelche y otras canciones en: http://www.freddytorrealba.cl/prin.htm
Universidad de Chile: Nombre de una universidad en vías de privatización, de una radio, y, por ahora, de un equipo de fútbol menor (también en vías de privatización).
Yo: No soy rico, pero sí ocioso, y con ganas. Gasto el tiempo en leer mucho, escuchar mucha música, tocar mis instrumentos un poco, escribir otro tanto.
Más tarde quise una guitarra, la cual llegó para navidad. Me postergaron las clases de guitarra por tres años. Nunca llegué (ni llegaría, hasta la universidad) al 6,5 de mierda. En primero medio recién me aleccioné. Duré menos de un año con un profesor impaciente por enseñarme técnicas clásicas cuando yo lo único que quería aprender canciones de Metallica ¿Por qué tan poco tiempo bajo la tutela de un maestro? Bajé las notas, y me cago, me cagué- y sigo en lo mismo.
Conseguí más tarde una guitarra eléctrica y se armó una banda más o menos estable en mi curso. Qué buenos años. Si bien más tarde terminé por aprender un montón de canciones, estaba claro que lo nuestro- más bien lo mío- era Metallica. Destaco algunas joyas: de Metallica, Enter sandman, Nothing else matters, Wiplash y casi todo el Kill`em all, y nuestro caballo de batalla, Master of puppets. Otros: Soul Sacrifice, Highway Star, Bohemian Rhapsody (que no salió por culpa de C., un flojo tecladista), entre otras. Debo mucho al gordo A., excelente guitarrista, por enseñarme algunas canciones y a N., baterista, por mostrarme que había más que Metallica en la viña del Señor- o del Diablo, que es al que le gusta el rock. Dios debe escuchar Silvio,
Paralelamente, había un grupo folclórico en mi curso, tipo Inti Illimani pero medio en ruinas, que de a poco fue superándose. El efecto de ellos fue tardío, o casi inexistente, no sé. Hoy cuento entre mis favoritos la música andina, pero le debo a otras personas y circunstancias. Un día, por ejemplo, escuchaba un programa de jazz en la radio Universidad de Chile y tocaron un tema de Freddy Torrealba: Puelche. ¿Por qué? Porque colaboraba en el bajo un eximio pero desagradable jazzista. Me voló la cabeza el puelche. Aprendí a tocar charango con uno prestado por el pololo de mi hermana y luego me hice regalar uno para aprender el temita este. Temón de temones. Lo llevo escuchando más o menos año y medio, de la forma que se escucha un buen tema: una y otra vez, muchas veces por hora, por día, hasta que la cera del cerebro se calcine con las melodías y armonías. Pensándolo bien, no hay otra manera de escuchar música. Cómo hemos sufrido con las frases "Esa ya la escuchamos po, hueón", o "Puta, otra vez tu cagá", o "Sí, es bueno, pero ¿otra vez?". En fin, que los violen , por hueones.
Traumas más, traumas menos, los culpables son todos y nadie. Mis padres me impidieron el teclado, pero me regalaron la guitarra: impidieron las clases de guitarra, pero me regalaron el charango: me huevean porque hago mucha bulla, pero compran los libros y pagan mi carrera de lector ocioso: me huevean porque leo hasta tarde, pero etc. Así. y los maestros fueron varios. Y los no-maestros más, y aumentan su número día a día.
Que fue de...
Mi hermana: Abandonó temprano el teclado. No le gustaba ir a clases. Tiene un oído deplorable.
Pololo de mi hermana: Estudia arquitectura. Toca el charango y la guitarra amenizando fiestas por un poco de ron.
Mi profesor de guitarra: Lo último que supe, gracias a El mercurio, es que ganó un par de premios en España.
Metallica: Cambió el estilo y ya no me preocupa mucho qué hagan, pero sí qué hicieron.
Gordo A.: Estudia ingeniería, creo, en la Universidad de Chile. Seguro sigue tocando.
N.: Estudia teatro en la Universidad de Chile y musicaliza de vez en cuando sus obras. Tiene talento, ojalá se acuerde de mí el hueón cuando sea famoso.
Grupo Folclórico: Alguno estudia cine, otro teatro, otro para médico y guitarrista, otros filosofía, otros ni idea.
Freddy Torrealba: Hasta hace poco hacía clases de música en un colegio. Resultó que una amiga de por ahí estudiaba en ese colegio y lo conocía. A él, claro, no su música. Pueden acceder a Puelche y otras canciones en: http://www.freddytorrealba.cl/prin.htm
Universidad de Chile: Nombre de una universidad en vías de privatización, de una radio, y, por ahora, de un equipo de fútbol menor (también en vías de privatización).
Yo: No soy rico, pero sí ocioso, y con ganas. Gasto el tiempo en leer mucho, escuchar mucha música, tocar mis instrumentos un poco, escribir otro tanto.
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