Tuesday, September 12, 2006

Rock, uno de estos días (o La continuación de la entrada anterior)

"El rock es una preciosa toxina"
Enrique Lihn

Y qué toxina más adictiva. No se llega al rock sólo por estereotipo. El cliché de Elvis- Reed, Springsteen, Cobain, Manson, Jagger, etc.-, no es lo primero en la iniciación. Sí, dije iniciación, porque esto es un culto sagrado, con sus ritos y ceremonias Al carajo la Sarlo con su escena cómoda y conveniente.
La mayoría comenzamos tarareando de pendejos un riff- el dios del rock- oído a medias en la calle, en la tele, en la radio del primo malvado que vendía las cosas de su casa para comprar discos y marihuana. Mi riff fue el de Sad but True. Tardé en oír íntegramente ese tema tres años desde la primera vez; después apareció la entrada macabra de la batería en The Beatiful people; el mejor riff de la historia que es el tácatacátacaTá de One; y de ahí perdí la cuenta. Miles.
La pose llega después, depende de dónde te tiren: chaquetas de cuero, de mezclilla, bototos, zapatillas chapulinas, blancas o negras, maquillajes y abrigos para los más malvados, cortes de pelo provocadores en su precariedad, o bien cabelleras largas y dispuestas al cabeceo de un riff favorito sabido y resabido.
Pero la clave está en empezar a jugar al malo: todo el resto es una mierda, que viva el rock. Coqueteo con la maldad que a algunos los deja solos, o bien con mucha droga y poco sexo, o mucho sexo si es que triunfaste y puedes pagarlo. Pero los que triunfan son otros. Tal vez en EEUU los rockeros la lleven algo, pero aquí en Latinoamérica valen hongo, al menos en general. Se salvan pocos, algunos argentinos quizá, más que en Chile al menos. Pero el triunfo está reservado para otros, los que jugaron al rockero y pudren la toxina para convertirla alquímicamente en un dulce tipo coyac o loly pop que le meten por el culo a fanáticos dispuestos a abandonarlos por el próximo que tenga el loly más lindo. Señores, el rock es y será para los postergados, los que no se contentan con bailar en cada fiesta la melodía de moda, para los enrabiados de este mundo y de los otros. Su fiesta y su melodía es otra. Una queja constante contra la mediocridad de la oficialidad y su discurso- el oficial y extraoficial. Al poder- como diría la radio futuro- le está faltando rock. Pero el rock es otro código oscilante entre el poder y el caos, ni lo uno ni lo otro.

(Mención obligada: un amigo, C., columnista de www.poliedro.cl. A él nunca lo vi en ningún cliché de la amplia gama que ofrece el rock- aunque sí lo clasificaría en otros, pero no viene al caso. C. terminó estudiando Filosofía, cosa curiosa para un rockero, o tal vez no tanto.)
Quería terminar con una cita de algún rockero, pues la de Lihn podría parecer una cita extranjera aquí. Y no se me ocurre otra que mencione el único poder al que aspira el rock. Una que se haga cargo de la esperanza de todo niño que comienza a ver que su vida está en el final de otro camino, o mejor aun, en ningún final. Citaría a la Renga por aquí, o a Neil Young, o los Stones, o cualquier otro. Pero hay una promesa, hecha por un tipo postergado de las voces en su grupo. Una promesa que los mismos postergados postergamos una y otra vez: one of these days/ i'm going to cut you into little pieces.

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