A propósito de lo anterior, dos citas de Lezama. Dudo que haya leído a Derrida en la época de Paradiso (1966), pero ahí está la cita, y la novela entera cabe agregar sin pizca de equivocación, asombrosa, cuando De la Gramatología y La escritura y la diferencia vienen recién apareciendo el 67.
"Paradiso" y toda la literatura hispanoamericana desde, más o menos, Ruben Darío (o Martí, si lo quieren más político el asunto) servirían, en vez de llenarse la boca con academias ajenas y discursos fomes (léase NO LITERARIOS, con fines (auto)impuestos desde quién sabe dónde) hediondos a museo y pachulí, o toda la tecnocracia y burocracia y las palabras huecas de la intelligentsia, servirían, decía, para despeinarnos un poco y comprendernos fuera (al margen, en los intersticios, valga la mención) de alguna finalidad propósito o utilidad. Sí, claramente me quedo con esa onda de la finalidad sin fin, espíritu de juego -el que cacha, cacha no más.
(...) el desvío y la anormalidad , están también creadas por las fuerzas germinativas, porque sino tendríamos que hablar de fuga en relación con un centro que todos desconocemos; de desvío en relación con una estructura que se reitera, estructura que no aparece por ninguna parte; de anormalidad, cuando sabemos que los excesos llevan a las aporías y al divertido relativismo de lo verdadero(...)
PS: La cita está cortada, porque al final el personaje dice creer en un élan vital y en una voluntad de muerte. Quedo debiendo la segunda cita porque no la encuentro, pero está en el ensayo de Lezama sobre Valéry.
Tuesday, September 25, 2007
Friday, September 21, 2007
Hoy no, mañana sí
Lihn decía que no se escribe X para resolver o responder Y. Se escribe X porque Y es insoluble. De eso trata lo siguiente, de algo insoluble y enigmático, fiable mañana o después, nunca hoY.
El otro día, en los alrededores de San Vicente, conversaba con unos/as estudiantes de antropología sobre, entre otras cosas, la "importancia" o más bien sobre la "validez" o, si se prefiere, sobre la consistencia de las hipótesis (y su correspondiente demostración) o las teorías respecto a la vida misma (entiéndase "cotidiana", "empírica", "palpable", "donde-el-pan-cuesta", etc.) Yo quería pelear- podría decirse discutir pero da(ba) lo mismo, tenía encima una taza de vino con pomelo, unos vasos de cerveza y varios de vino tinto y contando, además de que me atraía una de las niñitas, sí, soy culpable, estaba mi polola ahí mismo y tenía que hacerme el lindo un rato con alguna hueá pero sin parecer (excesivamente) jote- decía, entonces, que quería pelear por la inutilidad práctica, inconfesada, de algun tipo de conocimiento. Y fue ahí cuando me iluminé y decidí por qué nunca podría ser un buen sociólogo o antropólogo o etc., y por qué mi resentimiento, inconfesado e inconciente hasta ese momento, para con todo y cualquier tipo de discurso con pretenciosas y a veces ridículas aspiraciones sociales/istas.
Como ya dije, estaba a punto de la ebriedad, o por ahí, en la frontera. Yo quería pelear. El problema es que medio me daban la razón, hasta que dijeron LÉVI STRAUSS, Levistró, así correctitos. Ra(O)úl Ruiz dice que alguien dijo que pensamos con imágenes. Y las palabras son ante nada y ante todo, imagenes también. Ellos dijeron lo que dijeron y yo pensé DERRIDA-(A)logocentrismo-escritura-etc. Siempre que leo al susodicho me impresiona el cuidado extremo en la elección de palabras, de fuentes, de raíces, lo que sea, y por lo mismo pienso que nunca se tomó tan en serio a sí mismo. Después de todo, aun el filósofo más pedante reconocería que hacer nada le permite su precioso pensar (cosa de imaginar a Descartes al calor de una acogedora chimenea de cuya leña seguro ni se preocupaba, o a Sócrates atiborrándose de comida y jovencitos mientras los esclavos no podían dejar de impresionarse por su fealdad).
En fin, que volví a pensar en Lihn y la culpa gozosa de decir por decir: "ocio increíble del que somos capaces,/ perdónennos los trabajadores de este mundo y del otro/pero es tan necesario vegetar". Disfrutar de la palabra por el sólo hecho de que esté ahí, sin servir de nada y a nadie. Todo esto en segundos, los suficientes para encontrarle el punto a la pelea y decir "¿Han leído a Derrida?", y escuchar placenteramente el "No" de la niña bonita y sus compinches. Lógico, nunca mencioné las palabras "escritura", ni "fonocentrismo" ni nada por el estilo, pero sí dije las palabras "Derrida", "pasa", "por el hoyo", "al tal", y "Levistró", y la pelea siguió un curso más o menos incoherente. Tan incoherente que me cago de risa sólo pensar en mi exaltación (haciéndome el interesante con la niñita, claro está) y las caras excesivamente atentas de los presentes (había más gente, pero unos preguntaban todavía quién era Levistró). En fin, que yo sabía perfectamente lo que (no) hacía y que (no) me lo tomaba en serio.
Los socialistas y los sociales- cómo me aguanto de decir también "culturalistas"- no saben jugar, creen que todo "tiene" que ser de tal o cual forma: propósitos, utilidades, etc. Aunque yo también lo creo a veces. De hecho, muchas veces, como ahora mientras escribo esto, me pregunto de qué chucha sirven todas estas manchas en las páginas en blanco, y termino con la excusa más o menos firme de que esa es una pregunta tan vacía y contundente cómo preguntarse para qué vivir, y se me ocurre que la respuesta podría ser perfectamente la misma.
El otro día, en los alrededores de San Vicente, conversaba con unos/as estudiantes de antropología sobre, entre otras cosas, la "importancia" o más bien sobre la "validez" o, si se prefiere, sobre la consistencia de las hipótesis (y su correspondiente demostración) o las teorías respecto a la vida misma (entiéndase "cotidiana", "empírica", "palpable", "donde-el-pan-cuesta", etc.) Yo quería pelear- podría decirse discutir pero da(ba) lo mismo, tenía encima una taza de vino con pomelo, unos vasos de cerveza y varios de vino tinto y contando, además de que me atraía una de las niñitas, sí, soy culpable, estaba mi polola ahí mismo y tenía que hacerme el lindo un rato con alguna hueá pero sin parecer (excesivamente) jote- decía, entonces, que quería pelear por la inutilidad práctica, inconfesada, de algun tipo de conocimiento. Y fue ahí cuando me iluminé y decidí por qué nunca podría ser un buen sociólogo o antropólogo o etc., y por qué mi resentimiento, inconfesado e inconciente hasta ese momento, para con todo y cualquier tipo de discurso con pretenciosas y a veces ridículas aspiraciones sociales/istas.
Como ya dije, estaba a punto de la ebriedad, o por ahí, en la frontera. Yo quería pelear. El problema es que medio me daban la razón, hasta que dijeron LÉVI STRAUSS, Levistró, así correctitos. Ra(O)úl Ruiz dice que alguien dijo que pensamos con imágenes. Y las palabras son ante nada y ante todo, imagenes también. Ellos dijeron lo que dijeron y yo pensé DERRIDA-(A)logocentrismo-escritura-etc. Siempre que leo al susodicho me impresiona el cuidado extremo en la elección de palabras, de fuentes, de raíces, lo que sea, y por lo mismo pienso que nunca se tomó tan en serio a sí mismo. Después de todo, aun el filósofo más pedante reconocería que hacer nada le permite su precioso pensar (cosa de imaginar a Descartes al calor de una acogedora chimenea de cuya leña seguro ni se preocupaba, o a Sócrates atiborrándose de comida y jovencitos mientras los esclavos no podían dejar de impresionarse por su fealdad).
En fin, que volví a pensar en Lihn y la culpa gozosa de decir por decir: "ocio increíble del que somos capaces,/ perdónennos los trabajadores de este mundo y del otro/pero es tan necesario vegetar". Disfrutar de la palabra por el sólo hecho de que esté ahí, sin servir de nada y a nadie. Todo esto en segundos, los suficientes para encontrarle el punto a la pelea y decir "¿Han leído a Derrida?", y escuchar placenteramente el "No" de la niña bonita y sus compinches. Lógico, nunca mencioné las palabras "escritura", ni "fonocentrismo" ni nada por el estilo, pero sí dije las palabras "Derrida", "pasa", "por el hoyo", "al tal", y "Levistró", y la pelea siguió un curso más o menos incoherente. Tan incoherente que me cago de risa sólo pensar en mi exaltación (haciéndome el interesante con la niñita, claro está) y las caras excesivamente atentas de los presentes (había más gente, pero unos preguntaban todavía quién era Levistró). En fin, que yo sabía perfectamente lo que (no) hacía y que (no) me lo tomaba en serio.
Los socialistas y los sociales- cómo me aguanto de decir también "culturalistas"- no saben jugar, creen que todo "tiene" que ser de tal o cual forma: propósitos, utilidades, etc. Aunque yo también lo creo a veces. De hecho, muchas veces, como ahora mientras escribo esto, me pregunto de qué chucha sirven todas estas manchas en las páginas en blanco, y termino con la excusa más o menos firme de que esa es una pregunta tan vacía y contundente cómo preguntarse para qué vivir, y se me ocurre que la respuesta podría ser perfectamente la misma.
Monday, September 10, 2007
La casa de remolienda
Tiene momentos muy buenos. Pero muy pocos. Pésimo final. Por qué chucha esa tendencia de querer engrandecer una película a la fuerza. Estuve viendo algunas de Tomás Gutiérrez Alea: historias simples de guión fuerte y finales groseramente fáciles, pero conmovedores a fin de cuentas.
PS: HAY QUE VER (y aprender de) ARISTARAIN (Martín (Hache), La parte del león, Lugares Comunes, Roma. Uf.
PS: HAY QUE VER (y aprender de) ARISTARAIN (Martín (Hache), La parte del león, Lugares Comunes, Roma. Uf.
Subscribe to:
Posts (Atom)