Debe haber dos o tres cosas en la vida (la muerte es una) capaces de conmocionar a tal punto que el antes y el después son simplemente dos vidas distintas. Y claro, está el después que se fuga, que se escapa y se refugia en el universo de los mundos posibles ya imposibles. El punto de no retorno, el límite exacto, la cifra última que distancia al Otro del Mismo. Insisto, solamente dos o tres veces, como la trizadura del cristal. Lo demás, lo que no fue, literatura.