Monday, July 01, 2013

EL CINE: UNA ESTRATEGIA NECESARIA I

Si uno quiere saber cómo es una sociedad determinada, tiene que ir al cine; allí se muestran las tendencias que dominan una época.
Slavoj Zizek

            Sin duda, una de nuestras mayores preocupaciones y motivaciones a la hora de entrar a una sala de clases, es (o debiera ser) la de enseñar a pensar o, mejor aún, la de enseñar a pensar críticamente.
            Sin embargo, como bien nos advierte Grinor Rojo (ver su libro Discrepancias del Bicentenario), durante el último tiempo hemos asistido al desplome de la hegemonía del libro y de la letra en la enseñanza. La imagen mediática, desde sus tres soportes (la informática- la computación en el hogar, la escuela, en las calles- la telemática- televisión abierta, por cable, digital- y la cibernética- celulares desde los análogos hasta los smart), con la lógica de la simultaneidad y la yuxtaposición, propias de una forma de pensar más intuitiva (o emocional si se quiere), se sobrepone a la linealidad, la consecutividad y la secuencialidad, propias de la lógica del pensamiento racional. Para probar lo anterior, piénsese en la progresiva desaparición de las salas de clase de la Filosofía, la que por estos días comienza con la Historia, y el predominio de la Comunicación sobre la Literatura, el Lenguaje y la Lengua en los programas de la asignatura antes llamada Castellano.
            Quienes quieran creer que esto es pura casualidad o que responde a las necesidades reales de la sociedad en que vivimos, allá ellos. Nuestra preocupación no sólo debiera ser el hecho ya indesmentible de que la abrumadora mayoría de nuestros niños y adolescentes (y muchos adultos, por qué no decirlo) no sepan pensar de manera crítica en y sobre el mundo que los rodea, sino que ese mismo modo de pensar es el que todavía se utiliza en las esferas del poder, ya sea político, social o económico; lo que quiero decir es que asumir la pérdida de ese tipo de pensamiento es dejar en manos de otros los hilos del poder y de las propias libertades, lo cual equivale a decir que de ese modo dejamos las cosas tal y como las encontramos hoy en día.

            Por lo anterior, deseo sugerir una estrategia a todos quienes defendemos no sólo los libros y la literatura, sino el modo de pensar que ellos comportan. Esa estrategia no es otra que la explotación intencionada de una técnica que, a mi parecer, se encuentra entre ambos- o en ninguno- de los dos modos de pensamiento arriba mencionados. Esa técnica es el cine- que al decir del poeta Tomás Harris se ha constituido en el “inconsciente colectivo” de nuestras sociedades- y particularmente la observación de películas dentro del aula. Por supuesto que no se nos escapa la función de adiestramiento que hoy por hoy predomina en torno a la industria del cine y el entretenimiento en general. Sin embargo, como toda técnica es susceptible de ser subvertida mediante otros discursos (otras tecno-logías) y como además debemos enfrentar, para ponerlo en los términos de Saul Alinsky, el mundo como es y no el mundo como quisiéramos que fuera, las alternativas a nuestra disposición no son muchas. En otras palabras: si el mundo como es se vale de la imagen mediática para perpetuarse en/sobre los sujetos que le sirven de soporte, a quienes no nos gusta ese mundo no nos queda más alternativa que trabajar sobre esa imagen mediática, desde cualquiera de sus soportes, revertir su funcionalidad actual y articularla de modo que se convierta en lo contrario; un medio para conseguir el mundo como quisiéramos que fuera.